Somos Naturaleza

Interiorizando nuestro ecosistema interior

By Rosaura Ruiz

Parece una cosa bastante obvia, pero que si la entendemos verdaderamente (no con la mente, sino con las entrañas) promete abrir muchas puertas que mantenemos cerradas en nuestro interior y que piden ser abiertas: somos Naturaleza. Nacimos de ella y por ella, formamos parte de ella, y cada célula de nuestro cuerpo es Naturaleza por derecho propio. Incluso si vivimos en ciudades y llevamos vidas tecnológicamente avanzadas, no engañamos a nadie: somos Naturaleza.

En la civilización occidental actual, moldeada desde hace siglos por el capitalismo-patriarcado, hemos perdido gran parte del contacto con lo natural: tanto la biodiversidad que está ahí fuera, como la esencia dentro de cada una de nosotras. Con ello hemos ido olvidando saberes ancestrales de vital importancia, conocimientos de nuestros propios ciclos naturales que son imprescindibles para nuestro buen desarrollo como criaturas vivas de esta Tierra. Tal vez seas una mujer en contacto con la Naturaleza, cultives tus alimentos y entiendas bien los ciclos de crecimiento de las plantas y animales a tu cuidado, pero tal vez estés descuidando el conocimiento y cuidado de tu propia naturaleza.

Aunque a menudo se nos olvide, ser mujer quiere decir ser humana, ser humana quiere decir ser animal, ser animal quiere decir ser parte de la vida de la Tierra, que quiere decir ser parte del Cosmos. Nuestros cuerpos y todo lo que existe en nuestro planeta es polvo de estrellas, literalmente. Estamos hechas de la misma materia y energía que todo lo demás, somos Uno con Todo lo que es. Darse cuenta de esto puede dar un poco de vértigo, pero también es una hermosa experiencia de comunión con la Naturaleza que somos y el primer paso para comprendernos mejor y vivir mejor nuestras vidas.

Intuición e instinto: la voz de la Naturaleza

Como mejor podemos entender esto no es con la mente, sino con la intuición y la experiencia, con el cuerpo, los sentidos y las emociones, con la conexión con ese lado instintivo que seguimos llevando dentro. La intuición es la percepción directa y espontánea de la realidad, sin el filtro racional de la mente. Tiene más que ver con el sentir que con el pensar: es la voz de la Naturaleza que nos habla desde la sabiduría de nuestro ser más profundo.

En nuestra sociedad, lo irracional está bastante mal visto, y todo conocimiento adquirido por este medio es comúnmente descartado, por ser considerado mucho menos fiable y legítimo que el obtenido mediante procesos mentales, más “civilizados”. Esto me parece, como poco, escandaloso: la intuición permitió nuestra evolución como especie y nuestra supervivencia individual, y sigue siendo vital para cada una de nosotras, pues está fuertemente ligada a la creatividad y la libertad personal.

Lamentablemente, el ataque contra nuestra animalidad y nuestros instintos es una de las bases del sistema capitalista-patriarcal en el que vivimos.En otras culturas que no se rigen por este sistema, las llamadas despectivamente “primitivas”, la importancia que se le da a la intuición y a lo irracional, deja la puerta abierta a la creatividad, al misterio, a lo mágico y lo sagrado, a lo que nos conecta, en fin, con nuestra naturaleza profunda y con todo lo que es.

Hacer consciente esta conexión con el resto de seres conlleva un mayor respeto hacia la Tierra, entendiendo que sólo somos una parte más de ésta y que la podemos utilizar, pero sólo hasta donde sea realmente necesario y nada más, en vez de usarla para seguir alimentando la autodestructiva rueda del capitalismo.

Ciclicidad: nuestros patrones interiores

Como todo lo demás, desde los ciclos vitales de otros animales, a las estaciones, hasta el movimiento matemático de los planetas y galaxias, estamos en permanente movimiento y cambio, cumplimos ciclos a varias escalas. Somos parte de la ritmicidad de la Vida y somos interdependientes con el resto de especies: todos cumplimos una función esencial.

Nuestro avance no se hace en línea recta, pese a lo que nos inculcan con la capitalista noción de “progreso”. El devenir de los seres humanos y de la Naturaleza se puede visualizar mejor como una espiral ascendente: un ciclo donde Vida y Muerte se alternan a cada momento, en cada fase. No entendemos aquí la Muerte como el fin de las cosas, sino como el fin de un ciclo y la posibilidad de regeneración y nueva creación. La Muerte, a todos los niveles, es tan necesaria como la Vida, como bien sabemos en cuanto nos ponemos a observar los patrones en la Naturaleza.

Es curioso como este ciclo puede ser visto en todo lo que es, desde lo macro hasta lo micro, fuera y dentro de nosotras. Uno de los ejemplos más claros es el ciclo menstrual por el que pasamos las mujeres mensualmente. Cada mes es una oportunidad de nacimiento, crecimiento, decaimiento y muerte simbólica que lleva a un nuevo comienzo. Es muy probable que, al igual que los ritmos biológicos de muchos animales y vegetales, este ciclo esté pautado por la Luna.

La toma de conciencia de la existencia de las diferentes fases por las que pasamos al mes no sólo nos puede ayudar a entender mejor los cambios físicos por los que pasamos en la menstruación y tomar las riendas de nuestra fertilidad y salud ginecológica, sino que además nos da herramientas para comprender nuestras fluctuaciones emocionales, que no son en absoluto aleatorias. Se trata de patrones cíclicos y naturales, es decir, perfectamente normales. Este tema ha sido hermosamente explorado, entre muchas otras, por Miranda Gray en su obra esencial Luna Roja.

Igual que entendemos que las plantas no pueden florecer constantemente, es bueno recordar que nosotras tampoco, que hay momentos para todo y que podemos predecirlos si nos observamos y estudiamos. Y así, al igual que hacemos en nuestro huerto, beneficiarnos del hecho de trabajar a favor de los dictados de la Naturaleza, y no en contra.

Somos un ecosistema interconectado: la salud holística

Así como entendemos la importancia de las relaciones sabiamente entretejidas entre todos los elementos de la Naturaleza, es importante pensarnos de la misma manera: somos un ecosistema interconectado. No somos sólo un cuerpo físico, sino que nuestro ser tiene otras dimensiones igualmente importantes y que trabajan en conjunto para una óptima salud. Somos cuerpo, mente, emociones, energía: muchas partes que funcionan como un todo.

Un desajuste en una parte de este sistema acarrea problemas en las demás partes, y “no hay ninguna enfermedad que no sea simultáneamente mental, emocional y física”. Esto es así porque “nuestras emociones y pensamientos están siempre acompañados por reacciones bioquímicas de nuestro cuerpo” y viceversa (Christiane Northrup en Cuerpo de Mujer, Sabiduría de Mujer).

La medicina alopática (la normalizada en Occidente) es parte del sistema patriarcal-capitalista, y suele ver al cuerpo como campo de batalla contra la enfermedad, sin tener en cuenta que nuestro estado natural y normal es la Salud y sin considerar las otras partes de nuestro ser a la hora de prescribir un tratamiento.

La medicina que sí considera la sanación del conjunto físico-mental-emocional se conoce como medicina holística (del griego holos: todo, entero), y se caracteriza por ver más allá de los síntomas y buscar las causas profundas de la enfermedad a todos los niveles. Dando con el problema, se encuentra la solución.

Además, somos un sistema abierto, somos parte del ecosistema a mayor escala, por lo que los cambios en nuestro entorno también nos afectan. “Nuestros cuerpos son campos dinámicos de energía en permanente cambio, no estructuras físicas estáticas”. Somos afectadas (y afectamos) por lo que tenemos alrededor, ya que “no acabamos donde acaba nuestra piel” (Christiane Northrup).

Al igual que nos alimentamos con la comida y el agua, lo hacemos con la luz y el aire, y la energía de los seres que nos rodean también nos influye. De ahí la importancia de vivir en un lugar saludable, en contacto (literal) con la Naturaleza de la que somos parte, en espacios abiertos, y de crear un círculo afectivo sano y una manera de relacionarnos con los otros y con el medio que sea positiva para nuestro ser en conjunto: el cuerpo-mente-emociones que somos y la Vida que formamos entre todos.

Ideas para interiorizar nuestro ecosistema interior

Para volver a conectar con la pulsación natural de nuestros cuerpos y emociones basta con observarnos. Así como funciona afuera, funciona adentro, por lo que observar los ciclos, patrones e interconexiones de la Naturaleza también es de gran ayuda si los ponemos en relación con nuestro interior.

Algunas ideas de aplicación práctica:

  • Conecta regularmente con la Naturaleza fuera y dentro de tí. Esto puede incluir una herramienta maravillosa como es la meditación.
  • Permanece atenta a la voz de la intuición y guíate por ella, pese a que la mente te diga lo contrario. Observa qué pasa.
  • Deja suelto al instinto de vez en cuando. Si te apetece caminar descalza, hazlo. Si quieres parar lo que estés haciendo y bailar o cantar (o gritar), hazlo. La voz y el movimiento son dos prácticas muy infravaloradas y banalizadas en nuestra sociedad, pero de gran poder terapéutico. Descúbrelo por tí misma.
  • Observa tu ciclo menstrual, toma notas y compara los resultados para ver cuáles son tus patrones. Un instrumento muy útil es el diagrama menstrual (llamado también lunario, rueda del ciclo, y otros nombres). Busca online, hay muchos ejemplos e instrucciones para su uso.
  • Cuando te enfrentes a una enfermedad (puede ser un simple resfriado) analiza todas las partes de tu ser: recuerda que la causa física existe, pero va acompañada de una causa emocional. Pregúntate amorosamente qué emociones estás transitando que hayan podido desembocar en ello, y respóndete con sinceridad.

Hace muchos siglos que venimos siendo alienadas de nuestra conexión con la Tierra y que nuestra forma de vida se ha basado en creer que, como humanos, somos algo diferente del resto de la biodiversidad que habita el planeta. No lo somos: somos Naturaleza, tal y como lo es un ciervo, un coral, un sauce o una orquídea. Puede que nos lleve algo de tiempo interiorizar esta verdad y moldear con ello una nueva forma de vivir, pensar y sentir que esté más de acuerdo con lo que verdaderamente somos. Pero que no te quepa duda que es un camino que vale la pena y por el que muchas ya vamos transitando.

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